Archivo mensual: marzo 2014

Veintinueve (VI)

Son cinco ya, y la desolación es total en el pueblo. Los demás aprietan, como siempre, pero el problema lo tenemos nosotros: nunca antes habíamos llegado tan débiles a estas alturas, con la moral por los suelos, y empezándonos a confundir de enemigo. Veo a seres queridos sufrir, y ya hemos arrancado a repartir culpas, porque siempre tiene que haber un culpable.

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Yo te he visto aguantarle la mirada para acabar sacando el pecho. No hace tanto te vi abrir los mares, incluso. Te miro a los ojos y sé que tienes que ser tú, que será contigo o no será. Quedan ocho.

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Veintinueve (V)

Lo que no se entiende es que Alfredito, viendo que Pamplona amanecía el domingo con ganas de nieve, no estuviera en la puerta de Navarra Televisión a las 08h15, con una docena de churros de la Mañueta, en funcionamiento para la ocasión. Aquí, a ver si podemos tirar de hemeroteca, para los chavales. Aquella eliminatoria de cuartos de final la debe de recordar bien Alfredo. La rojez fue ver caer cuatro copos sin cuajar, y ya pasársele los destilados del sábado noche mientras iba a por más. Patxi, con los ojos vidriosos, rememorando cómo se la coló a Notario por el palo corto, lo vio también cuando le dijeron que otra vez banco.

El caso es que no hubo conexión emocional, y los de enfrente podían haber sido el Almería. El Sevilla, que es cosa seria, se expuso lo mínimo, y fue entrando en calor para acabar atacando donde más duele. Jairo, recordando que el Racing no va a dejar de tocar los huevos ni en Preferente, se la gozó primero para luego tirarla al larguero, cuando ni Porti la fallaría. Damiá no supo cómo afrontar el rechace, y acabó comiéndose el balón, con Álvarez Izquierdo sintiendo pena máxima. 

A partir del 45’ la nada. Pudieron ser tres o cuatro. Pero claramente. Al menos sirvió para que Acuña diera señales de vida, y que plantee a Gracia la posibilidad de acompañar a Oriol el miércoles, haciendo variar un esquema fijo que no ha sufrido ninguna modificación durante demasiadas semanas. A falta de juego ni siquiera se está tirando de emoción, aunque puede que aún fuera muy pronto para gastar esa bala. Un servido espera las jornadas finales con presencia crepuscular del Gran Capitán, reflejo de Cruchaga en 2009, que se tiró todo el año en el banco para ser titular indiscutible -y el puto amo- en el último cuarto de temporada. Cuando de verdad quemaba.

Lo cierto es que llega el equipo más tocado de lo que debería a lo gordo: el entrenador a una derrota en Vallecas de que los que aceleraron su llegada se le vuelvan en contra, un mensaje (de los de arriba) en forma de envoltorio para descubrir que lo de adentro era lo que ya había, Tajonarismo Foral y Primer els de casa; además de una asamblea que puede acarrear la derrota del poder establecido para acabar instalándose la anarquía.

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Veintinueve (IV)

No sé qué le pasó al equipo, no me acuerdo. Sé que nos metieron siete, que ya tenemos la primera final y que ha tardado un día en salir Patxi a poner calma. Me acuerdo de que lo intentamos, y que después el equipo se volvió a caer. Me acuerdo de que las cervezas dieron paso a la ginebra, y ésta al orujo. Me acuerdo que Julen patxaran y yo más ginebra. También que Messi como siempre. Además, me vuelvo a acordar del habéis venido a jugar, el que te susurran al oído mientras te meten más de media docena. Grabado a fuego. Recuerdo quedarme tirado, dormido en el sofá, con la colorada enfundada y el culín de cubata en la silla, después de ver cómo Aloisi se llevaba a la Kidman en la uno. ¿Vamos al Bernabéu? Habrá. 

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Veintinueve (III)

Resulta imposible de explicar cómo el equipo fue capaz de irse al descanso uno abajo. Funcionó la pizarra otra vez, pero no pudo ser. Mal rollo que su gol deje un tufillo raro de toda la defensa, como el otro día. Aun así, el equipo consiguió volver a la superficie y empezar a llegar, aunque fuera por oleadas. Tras un rechace de un meritorio disparo cruzado de Torres, apareció de la nada (en la parte inferior de sus pantallas) una locomotora colorada, L’Auvergne Express, dos columnas de humo negro por sus pronunciadas fosas nasales y un pitido ensordecedor, “¡más madera!”. El maquinista admitió haber mandado subir la velocidad pese a haber visto el carromato atascado en la vía. Al palo.

Con la llegada del descanso empezaron a rondar los agoreros, cero puntos este año cuando hemos empezado encajando. Quedó la sensación de haberlos dejado salir vivos, de que sus muros no resistirían tras recibir el primero. La historia de siempre; la Historia. Como si ya con medio cuerpo fuera una mano nos agarrara por la espalda y nos arrastrara de nuevo a aguas más turbias. Ésta nuestra categoría es caprichosa, y ya empieza a estar harta de que la Adelante se lleve todas las atenciones.

Lo cierto es que se volvió bien, su capitán no hizo honor a una trayectoria que le avala y dejó a los suyos desprotegidos, diez para once. Desde la amplitud, con llegadas sorpresa desde atrás y con presencia arriba se veía cerca el empate. No está de más recordar que ellos tenían al mejor bajo palos, que ya no para los miércoles a las 20h45, pero que cada siete días lo sigue haciendo de cojones. Tres atrás, Damiá-Arribas-Lotiés, pensábamos. Pero fue Arribas (en la izquierda, muy arriba)-Lotiés (se quedó sin vuelo)-Damiá. Quedó raro. El 0-2 mató cualquier ilusión de nada y dio paso a media hora para ir haciéndonos a la idea y lo duro que va a ser esto. Qué más que ejercer de guías en estas once etapas que quedan por Mordor.

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Cuatro puntos del decimonoveno al decimoprimero, hermano. Para que luego digan de la Segunda.

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Memoria Histórica (I)

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Veintinueve (II)

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En una bajera de estas calles de Orriols hay una iglesia que trata de integrar a los más desfavorecidos en la sociedad. Su pastor, Don Joaquín, ha conseguido formar una familia con lo más marginal que se ha dejado caer por ahí: un clan de griegos ortodoxos, todo tipo de representantes de la África Negra, y unos cuantos españoles con la condicional y su respectiva necesidad de meter horas para rebajar penas.

Ahí aparecimos nosotros, de fuera, con la barbilla bien alta, halagados por las crónicas y las pajas, para darnos cuenta de que nos habían robado la cartera nada nada más pisar el Ciutat de Valencia. Fue emotivo ver cómo intentábamos responder descarados, clamando justicia. ¡Txantreanos, yonkis y gitanos! Hicimos lo que debíamos: buenos cambios, centros laterales, gritos de histeria. Su octava jornada sin perder, bravos supervivientes al reparto televisivo, farlopa en un bolsillo y una 9 milímetros en el otro. Visto que sacar algo era imposible, no estuvo mal acabar con once. Tortazo de los que te enseñan que hay jerarquías,que al Levante UD un 1-0 no se lo remontas, y que con el norte de Valencia no te metas.

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