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Veintinueve

Partido del Plus y el Atleti del Cholo; bocata para el descanso y patxarán en el Txoko. Las gentes esperaban al Godín más cerdo, a Gabi y a Villa con pasado Ligallo, al Cebolla clavando la nariz de arrano beltza mientras Diego Costa conseguía que hasta la del bombo de la Peña de Mujeres San Fermín le llenara de jardos y joputas. Un poco lo de los últimos años.¡Y van y hasta cambian la pareja de centrales! De primero de Supervivencia en Tierra Hostil.

Los de rojo arrancaron como en unas de esas noches, ese algo que tiene esto que no sé qué: El rival concede un córner tonto nada más empezar y el atacante huele la duda en el central superado de turno. Diseño experimental pablolasiano del córner, «¡la dos!», ejecución depurada. Dale Cejas. Los siguientes 20’ fueros de avalancha, Ritmo de Navarra, éxtasis para entrar en trance, gigante la línea de tres. Se consiguió una precisión y soltura sólo comparables a la 1ª parte de Málaga: Los jugadores flotaban en zonas inimaginables, bailaban y disfrutaban entre líneas de cuatro amarillas. Pero más, mejor, más rápido, como a todos nos gusta, otro rollo. El enemigo desnaturalizado; colíderes alineados sin formar un algo, adiós al tres-dé. Bobardeados sus puentes de hidrógeno (central-mediocentro, central-mediocentro), no hizo falta más que aumentar la temperatura para acabar de descomponer la hasta el domingo compactísima Lámina-Beta de patente argentina. Armenteros ya siempre en la izquierda, Cejudo hiperactivo y con confianza, Roberto Torres detergente; picando en la jaula con las puertas abiertas de par en par. Emiliano Daniel recogió un regalo de Juanfran para ajustar un latigazo al milímetro, que necesitó besar el palo para evitar al Gigante. Tras un mal control volvió a filtrar a Damiá, al que ya sólo nos falta descubrirle pierna izquierda, para que desde la línea de fondo adivinara el movimiento de Roberto. Ahí hasta Courtois pareció mortal.

Salió el Atletico buscando el gol milagrero que nos hiciese recordar no tan lejanos levantamientos de trescero, pero el equipo supo aguantar, se llenó de héroes anónimos y plantó un dique de contención a 35 metros de la puerta: El poco agua que entraba se conseguía achicar con eficacia. Raúl primero, y Diego Costa ya muy al final (tras la única pérdida tonta del partido) amenazaron la puerta a cero de Andrés. A cada uno lo suyo, y la verdad que cuesta recordar tres puntos tan brillantemente conseguidos ante un equipo así, dominando varios registros, dando la sensación de pilotar.

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El noble arte de tocar los huevos sin hacer falta (vía EFE)

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Quince

Una particular vara de medir la situación de un equipo es la cantidad de puntos que ha ganado no mereciéndolos. O la de puntos que ha perdido sí mereciéndolos. Otra manera podría ser observando la reacción ante un golpe inesperado. Y este año no se ha ganado ni un punto habiendo sido peor que el rival.

30′ para machacarlos. 0-2 y pa casa. No dudemos que en la 2011/2012 este partido se gana de dos o de tres. Cosas del fútbol. Y de la puta vida. Estas mierdas pasan cuando estás con el agua al cuello. Le robas a Luis Enrique la posesión, te la gozas, lo estás pasando bien. A partir de Oriol los mediapuntas pasan a jugar de cara, gal de Emiliano Daniel. Poca ventaja para unos catedráticos en liarla petarda.

Centrito y Lolo para dentro. El Celta empieza a juntar pases, asientan posesiones, aceptamos la sumisión y que llegue el descanso. La película ha cambiado. Ellos tocan cosas, pero tampoco se lo acaban de creer. Algún día habría que diferenciar ofensivo de tener mucho rato el balón. No se requiere esfuerzo extra del goalkeeper y tufo a Buen Empate. Se dice que los cambios tarde y eso (la historia de los últimos catorce años). Oier al verde, que le aplaudan y a percutir un ratico. Queda el regusto a que no nos atrevimos, pero que no se olvide el palo que hubiera supuesto acabar la jornada con catorce puntos. Cuando se llevan dos temporadas tan duras como éstas, es muy difícil arriesgar un punto casi seguro.

El Rey Azteca asoma en un enero para valientes, cabalgata con un nuevo Baltasar, y con maletas ya hechas para que alguno se vuelva a casa. Por Navidad.

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