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Bernie.

Ya lo barruntábamos ayer. No somos de causar buena primera impresión. Somos feos, así que para gustarle a alguien, necesitamos que nos soporte un tiempo, nos conozca y descubra nuestros pocos encantos.

Cuesta recordar la última vez que seducimos de primeras. Fue en el verano de 2005, ZP llevaba poco más de un año en la presidencia, vivíamos (mejor) sin Twitter, y las mechas estaban aún más de moda. Yo estaba en Villalba, Lugo (¡Qué pasa Iribarne!), y eran fiestas o algo. Había unas carpas en un descampao’ y unas barracas con la consabida troupe de los de Tras-os-Montes pa’ allá (a éstos también los representaba Mendes), en definitiva, ambientazo. Esa noche un tal Robson de Souza iba a conquistar a media península desde la Tacita de Plata,  pero yo, sentado en una esquina de un banco, sólo quería saber si cumplíamos con lo que tanto habíamos ensayado:

¡Queríamos ligar YA!, así que nos encomendamos a un argentino – para que se nos pegara su habla- que venía de Hamburgo , y su apellido evocaba a Shakespeare. Nombre de galán, de fucker: Bernardo Romeo. El cabrón nos obligó a donar toda nuestra comodísima ropa de Decathlon a los Traperos de Emaús, y tuvimos que tragar con un intensivo por Carlos III para renovar nuestro fondo de armario, de básicos, elegantes a la par que discretos.

Tras un verano de pruebas en fiestas de pueblo poco trascendentes, con más intentos fallidos que éxitos, llegó la hora de pillar en Vaivén. Vino una tía de al lado de Castellón, ingeniera, con lo mejor de la familia Riquelme (el talento de Juan Román, las “dotes” de Larissa) y de los Forlán (esa melena rubia ahí). Dudamos, nos entró el miedo escénico. Pero ahí estaba Bernardo, a nuestro lado. “Tú tranquilo”. Tal y como habíamos acordado, él se hizo el amigo majete y un poco pesado. Marcó dos goles y nos la dejó a huevo, no podíamos fallar.

El caso es que le pillamos bastante gusto a salir, a ligar. La noche, el flirteo, entrar solos y salir acompañados. Se nos daba bien, y empezamos a pillar ya de habitual. La verdad es que la vida nos iba de puta madre. Llegamos a ser los segundos más solicitados en las discotecas allá por marzo de 2006. Nos invitaban a fiestas en urbanizaciones de Madrid, en áticos de diseño en Barcelona, mientras disfrutábamos de una vida que hasta entonces desconocida. Pamplona se nos empezaba a quedar pequeño, y cada vez aspirábamos a tías más inaccesible      s.

Hasta Hamburgo. Salimos a comernos Europa y Europa nos la volvió a hacer. Se nos notó la aldea, nuestro inglés de la ESO y no valió con ser muy majos. Bernie los conocía bien, pero no pudo ser. Entramos en una discoteca de moda, dando al canal, de esas que sólo te dejan entrar si te ven categoría, o vas acompañado de una tía del copón. Aún estábamos alucinando cuando fue una rubia y nos pilló por banda.  Las miradas cómplices dieron lugar a las manitas, y nosotros ya nos imaginábamos amaneciendo por ahí, en casa ajena. Nos prometió el mundo (o Europa) y nosotros flipábamos. Señaló al fondo, y dijimos que sí sin saber qué era aquello. ¡Hostias, el VIP!  Resultó que ahí entraban los elegidos, 32 . Ya con un pie dentro, entró en escena nuestro colega Pierre Achille, y se tropezó. El resto es historia. Resulta que le tiró todo el Jägerbomb encima al maromo de la Very Important People, y nos sacaron a hostias del local. Eso debe ser internacional.

Quiero aclarar que aunque no lo reconozcamos, a Pierre Achille lo sentenció aquello. Se fue a Mallorca en busca de nuevos colegas, y por último, al otro lado del Bósforo a danzar el vientre. Siempre he pensado que no fue para tanto, que nos pasamos con él, y en el fondo todos lo queremos mogollón. Pierre es colega.

PD: Bernie se quedó con nosotros, aspiramos a mujeres de menor categoría, “Iuropa Lig” las llamaban. Pero al final, nos tomamos nuestra revancha con los jodidos alemanes.

We loved Bernie

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