Veintinueve (VI)

Son cinco ya, y la desolación es total en el pueblo. Los demás aprietan, como siempre, pero el problema lo tenemos nosotros: nunca antes habíamos llegado tan débiles a estas alturas, con la moral por los suelos, y empezándonos a confundir de enemigo. Veo a seres queridos sufrir, y ya hemos arrancado a repartir culpas, porque siempre tiene que haber un culpable.

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Yo te he visto aguantarle la mirada para acabar sacando el pecho. No hace tanto te vi abrir los mares, incluso. Te miro a los ojos y sé que tienes que ser tú, que será contigo o no será. Quedan ocho.

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